Archivo de la categoría: Publicaciones

“Uno trabaja para el éxito”

La definición le viene desde detrás del grueso maquillaje, un blindado de emulsiones que ya es ella misma, su totalidad de máscara, el escudo que la defiende de su insignificancia: “Uno trabaja para el éxito”.
Transida de vanidad, Mirtha acaba de sincerarse.
Claro que nadie hace nada en ansia de fracaso. Pero lo que hace trascendente cualquier hacer humano es, justamente, el hecho de que lo que hace trasciende al hacedor.
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Ingenieros civiles en el bar de Moe

Julio César aseguraba que el hombre tiende a creer en lo que desea. El deseo colectivo suele pulir las realidades desbastando en sus perfiles incómodos y perfeccionando los relatos que le permitan transitar la historia con la menor confusión posible sobre la naturaleza de sus propios intereses. Los ídolos, las víctimas propiciatorias, los malditos y los benditos se construyen con esa metodología.
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La juventud, finalmente, es maravillosa

Dar examen de revolucionario fue una tarea que en los setenta nos devoró mucha energía. Y quizá nos distrajo. La izquierda compañera de los sectores medios no peronistas, entre los que destacaban los hijos contestatarios de gorilas libertadores y los epígonos del nacionalismo católico, ocupaban dos de los tres bancos de la mesa examinadora. La tercera era la silla del marxismo ortodoxo y bienpensante, la más jodida de las sillas. Nosotros, también de clase media (una nacida o resucitada por el peronismo) nos debatíamos en las dudas que generaban las categorías retóricas de los examinadores. En los sectores medios bajos y bajos, esas dudas no existían. El poder de la memoria grabada sobre el cuerpo familiar del pueblo suele ser inconmovible.

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Los Veteranos de la ningunaguerra

En 1985 escribí esto, fragmento de un intento de poema de mayor extensión:

Tan sólo me encontré perdido en un tablero de absurdas diagonales

en donde los más descomprometidos ,livianos y banales

se disfrazaban de mí mismo y festejaban

un triunfo por el que no habían luchado.

Y yo era el derrotado.

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Hay mucho danger

Por Tato Contissa

Aguardientes

“Hay mucho danger…hay mucho danger…” rapea muy flamenco, Ojos de Brujo, un grupo musical andaluz, con voces templadas por siglos con colores castellanos, moriscos y posmodernos. “Hay mucho danger…hay mucho danger…”

En la tele del café, el gran Buenos Aires transcurre su mañana insertadas las imágenes horrorosas de este día: Bagdad. Pero esta vez una referencia al pasar de que allí sigue sucediendo esa ingeniería indescifrable del desastre. Entre metales apiñados y restos irreconocibles yacen, seguramente, un montón de destinos interrumpidos en postales a las que te vas acostumbrando, pero que igual despierta esa sensación de imponderable vacío. ¿Por qué será que no es el dolor ni la misma muerte lo que más lacera, sino esa interrupción de futuros, ese número creciente de promesas que no se van a cumplir, o peor, la corroboración de que esas personas ya estaban muertas desde siempre?

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La obligación de la felicidad

Por Tato Contissa

Aguardientes. Segunda Temporada.

El cura acababa de convertir un festejo familiar, unas emociones en racimo concurriendo a la victoria del esfuerzo, de la voluntad, del tesón, del empeño, de cualquiera de las palabras que nombran al nervio motor de la condición humana, todo lo acababa de convertir el cura en una cuestión argentina.

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La verdad de la milanesa

Por Tato Contissa

Aguardientes. Segunda temporada.

En afán de aclarar frases que se escuchan a diario, alguien, no recuerdo quién, me contó así esta historia.

En el siglo XII, Milán florecía como ciudad inigualada en las artes. Los faldeos de los burgos milaneses se atestaban de artesanos, ingenieros mecánicos, pintores, escultores al paso, fileteros, tejedoras de crochette, yeseros finos, gomeros, alambradores y profesores de Bonzai.

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Cultura de batalla para la batalla cultural

No estamos haciendo bien en declarar la batalla cultural sino sabemos como ganarla. Y peor; con quien. Y peor aún, sin saber con justeza contra quien se está librando.

El drama argentino contemporáneo es que los sectores más conservadores de la sociedad están atravesando por la ancianidad intelectual. Aguinis escribe muy mal como en el siglo XIX, Tomas Abraham lo aventaja en un siglo, y José Sebrelli escribe arrastrándose sobre las heces de sus viejos talentos, Santiago Kovadloff abunda con la vacuidad de sus impostaciones teóricas. Tal vez Sarlo, quien cuenta con una formación igual de enajenada pero más sólida, dispare alguna idea capaz de trazar alguna línea que se asemeje a los perfiles de la realidad argentina, pero rara vez lo logra. Una desgracia del conservadurismo que se vuelve desgracia para el progresismo, porque le implica pérdida de mensura, falta de cánones, ausencia de medidas para una comparación y, esencialmente, la contraparte de la dialéctica posible. Por eso habrá que hacerse de pensamiento propio, una vez más.

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Andares compañeros

Yo no invito pero invito

a andar sin peros

compañera compañero

con el cansancio en ritmo

y el redoble de todos los pasos que se dieron.

Porque antes que nosotros estuvieron.

La marcha es ancha y el sendero angosto

como un desfiladero.

Son los riesgos de la historia

que se escribe sobre el suelo.
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De manual y de película

Salgan debajo de las piedras, es hora de irse, de tomarse el palo, no pueden seguir medrando con la inmovilidad que produce la tristeza. Porque la tristeza del pueblo es lo menos que deben respetar. Y el enojo de los que no nos acompañaron y que suman y no son el enemigo, también. Está claro que ustedes no fueron derrotados, que los que nos comimos el garrón somos nosotros, el 30 por ciento, los cinco millones, disculpe señora presidenta, los cinco millones que nos quedamos por mérito propio y no por la calidad de nuestros dirigentes. Fuimos muchos más, recuerde, señora presidente.
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